San Miguel de Tucumán en la colonia

En aquella época, San Miguel de Tucumán era un poblado pequeño, con aproximadamente 5000 habitantes. Pese a esto, era un importante centro comercial, pues era paso obligado en el camino comercial entre el Alto Perú y el Puerto de Buenos Aires.

En aquél entonces, la corona española había aplicado el monopolio comercial en sus colonias y no todos los puertos americanos y españoles podían intervenir en el tráfico. Consecuentemente, el Río de la Plata no tuvo puerto autorizado para el comercio con España hasta fines del siglo XVIII. Las mercancías ingresaban por el Alto Perú: desde el puerto de Lima, pasaban por Potosí y de allí a Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago de Estero, Córdoba, y finalmente a Buenos Aires.

San Miguel de Tucumán, paso obligado en esta ruta, se especializó en la construcción de carretas que se empleaban en las rutas hacia el sur.A su vez, sus principales actividades eran la artesanía, la manufacturería y la ganadería, a las que le seguían la herrería y la carpintería.

Alrededor de la plaza principal de San Miguel de Tucumán se ubicaban el Cabildo, la Iglesia Matriz, la Iglesia de San Francisco y las viviendas de los vecinos más prestigiosos.

San Miguel de Tucumán fue elegida como sede del Congreso por quedar equidistante de todas las provincias argentinas y además quedaba lejos de La Banda Oriental (hoy Uruguay) y las ciudades del litoral, regiones convulsionadas que se oponían al liderazgo de Buenos Aires en la toma de decisiones en la Revolución.

Asimismo, Tucumán era un lugar seguro, lejano a Buenos Aires, que se encontraba en circunstancias peligrosas por el retorno de Fernando VII al trono español (quien buscaba ofuscar la Revolución y era una amenaza con sus barcos para el Río de la Plata).