La plata producida en las minas americanas, especialmente en las del Cerro Rico de Potosí (Alto Perú), fue uno de los principales productos de exportación de las colonias hacia España.
Este material fue muy utilizado para la producción de distintos objetos que luego se comercializaban (mates, vajilla, incensarios, accesorios religiosos y sobre todo piezas del ensillado gaucho) como así también se usaba como medio de cambio, a raíz de su valor metal.
Finalizada la guerra y con el desarrollo económico de fines del siglo XIX, comienzan a adquirirse piezas importadas de Europa, por lo que la platería local comienza a perder interés, ingresando solamente la denominada "plata boliviana", mezcla de plata y alpaca, con la cual se confeciconó una artesanía diferente, de un peculiar encanto.